Psicología Transpersonal

 

El término "Psicología Transpersonal" suele  englobar a una serie de pensadores y psicólogos que habiendo desarrollado diferentes estilos terapéuticos tienen en común la aceptación de la espiritualidad del ser humano.

La Psicología Transpersonal considera que la psique es multidimencional. Existen diversos "niveles de conciencia" y cada uno tiene diferentes características y se rige por distintas leyes. Tal como sostiene Stanislav Grof, "el mayor problema de la psicoterapia occidental parece ser el hecho de que, por diversas razones, cada investigador ha fijado primordialmente su atención en un determinado nivel de conciencia y ha generalizado sus descubrimientos a la totalidad de la psique humana."

Los orígenes de esta corriente toman forma a fines de la década del 60 y que, pese a contar con brillantes exponentes como Abraham Maslow, Stanislav Grof y Ken Wilber, ha sido ignorada  sistemática en el ámbito académico de la Psicología. No se enseña prácticamente en ninguna universidad aún siendo, probablemente, la corriente psicológica más abarcativa de todas. Por supuesto que este es un punto discutible y propongo este escrito como una contribución al debate.

La psicología Transpersonal no reniega de otras escuelas de pensamiento como el psicoanálisis ni se plantea como opuesta; lo correcto sería decir que intenta ir más allá. Para la visión tranpersonal, los desarrollos de Freud han sido de fundamental valía en el desarrollo de la ciencia psicológica al incluir la idea del inconciente en una disciplina que se encontraba atada al racionalismo positivista. Indudablemente, el  psicoanálisis abrió las posibilidades de comprensión de la psique humana. La psicología transpersonal promueve otra apertura incluyendo la dimensión espiritual del ser humano. El psicoanálisis es un modo de abordaje ideal para los distintos tipos de neurosis, la histeria y otras psicopatologías. No podemos negar que Freud era un neurótico, brillante, pero neurótico al fin. Y como tal, estudió la neurosis y "males" afines; se dedicó a lo que él veía de cerca.

Lo que el psicoanálisis y otras corrientes han descuidado es el estudio del ser humano sano. Estas terapias, si logran ser exitosas, desestructuran la neurosis y devuelven al paciente a la normalidad de su época.

Muchos consideran a Jung, como el primer psicólogo transpersonal, por su estudio de los arquetipos, su ampliación del concepto de libido y la  resistencia a reducir al hombre a su sexualidad; todos planteos que le valieron la condena de Freud. Jung consideraba al inconciente como "un principio creativo e inteligente, que vinculaba al individuo con la totalidad de la humanidad, la naturaleza y el conjunto del cosmos."[1]

Además de la existencia del inconciente individual "descubierta" por Freud, Jung postula la existencia de un inconciente colectivo, compartido por toda la especie humana. Para Jung, más allá de los condicionamientos culturales que definen sus formas de manifestación, la espiritualidad es un principio intrínseco a la psique humana.

Del otro lado del océano, Abraham Maslow fue uno de los primeros investigadores interesados en estudiar la psicología de los seres más "avanzados" que ha dado la historia de la humanidad. Lo que le interesaba era examinar a los seres psicológicamente más sanos; por supuesto, una rara minoría en la que incluyó a Cristo y los místicos de otras culturas. Lo que infirió, luego de estudiar exhaustivamente la vida de estos hombres "iluminados" era que no tenían su identidad puesta y encerrada en su persona, en su ego, en su historia. Tenían un sentido de identidad más amplio, que iba más allá de su personalidad, una identidad "transpersonal".  Su identidad se ampliaba hacia una comunión con la totalidad de los fenómenos, con la totalidad de los seres. Algo, por supuesto, muy difícil de comprender, para la mayoría de nosotros; y por lo tanto, los psicólogos, sobretodo los occidentales, suelen ignorar estos fenómenos o bien, calificar de patológicas a este tipo de experiencias místicas.

Maslow se interesó por el estudio de las que denominó "experiencias cumbre" sugiriendo que dichas experiencias pueden ser supranormales en vez de subnormales. Tales experiencias de plenitud que muchas personas han experimentado aunque más no sea por unos instantes, pueden ser un indicio de un potencial humano.

Uno de los desarrollos de Maslow que sentó precedentes en el impulso de la psicología transpersonal fue su teoría de las "necesidades".  En 1943 publica un trabajo titulado "Una teoría de la Motivación Humana" en el que expone la existencia de una jerarquía de necesidades. En el punto más básico de la jerarquía ubica a las necesidades fisiológicas (contenido de sal, azúcar y proteína en el torrente sanguíneo) que se traducen en la necesidad de alimento. Las personas que tienen hambre se ven imposibilitadas de concebir  ninguna otra necesidad.

Satisfechas las necesidades de alimento, irrumpen las necesidades de seguridad, a las que vincula con el anhelo de contar con ciertos hábitos regulares que alejen la posibilidad del miedo y el dolor.

A continuación aparecen las necesidades de amor y pertenencia. Digamos que cuando una persona logra un lugar estable donde vivir y un ingreso de dinero regular, empieza a sentirse impulsada a lograr satisfacción sexual, una pareja, amigos, hijos y la pertenencia a un grupo.

Satisfechas las necesidades de amor, emergen las necesidades de estima, a las que describe como necesidades de "evaluación estable y elevada de sí mismo, de amor propio y de la estimación de los demás".

Por último, en la cima de la pirámide menciona a la "necesidad de autorrealización", que atañe a la realización del propio potencial, llegar a ser todo lo que se pueda ser. Dentro de estas necesidades de realización Maslow incluye, la necesidad de conocimiento y de trascendencia.

Estas necesidades "superiores" forman parte de la naturaleza psicológica del ser humano residiendo también en el inconciente y, aunque en la mayoría de las personas no se despliegan, existen, cuando menos, como potencialidad.

 Ken Wilber es quizás el más erudito de los teóricos relacionados con lo transpersonal. Sus desarrollos son demasiado extensos como para este escrito y los abordaremos con la dilatación que merecen en otra ocasión. Basta aquí apuntar que siendo un eximio estudioso de la psicología tanto occidental como oriental, concluye que la espiritualidad y la religiosidad son características de la psiquis humana, aunque se ocupa de diferenciar la religión exotérica de la esotérica. "La religión exotérica o externa es una religión mítica, una religión terriblemente concreta y literal, que cree, por ejemplo, que Moisés separó las aguas del Mar Rojo, que Cristo nació de una virgen, que el mundo se creó en seis días,... que la tierra descansa sobre la espalda de un elefante y que éste, a su vez, se apoya sobre una tortuga que reposa sobre una serpiente... Así son las religiones exotéricas, un conjunto de sistemas de creencias que intentan explicar los misterios del mundo en términos míticos más que en términos de experiencia directa o de evidencia". Esta es la religión que Freud y otros investigadores han asociado, razonadamente, con fijaciones a un pensamiento mítico. Cuando en psicología se habla de religión y espiritualidad se está pensando en este tipo de creencias y raramente se distingue entre lo exotérico y lo esotérico.

Citemos otra vez a Wilber: "La religión esotérica no te pide que tengas fe en nada o que te sometas dócilmente a algún dogma. La religión esotérica, por el contrario, consiste en un conjunto de experimentos personales que llevas a cabo científicamente en el laboratorio de tu propia conciencia. Como toda ciencia que se precie, la religión esotérica no se basa en las creencias sino en una experiencia directa validada y verificada públicamente por un grupo de iguales que también han llevado a cabo el mismo experimento. Ese experimento es la meditación."

Aquí tenemos un punto importante. No todas, pero sí la gran mayoría de las psicoterapias son "habladas". Basta citar como ejemplo el famoso cuento del psicoanalista que le pidió a Víctor Frankl que defina en una frase la Logoterapia ante lo que Frankl contraatacó pidiéndole que definiera en una frase al Psicoanálisis. Se cuenta que el analista dijo algo así como "En psicoanálisis, el paciente se recuesta en un diván y dice cosas que encuentra desagradable decir". La respuesta de Frankl fue: "En la Logoterapia, el paciente se sienta en una silla y escucha cosas que encuentra desagradable oír".

La psicología transpersonal, propone, para los problemas espirituales, otras técnicas que van más allá de la palabra. Una de ellas es la meditación. Pero no se trata de poner a meditar al neurótico. Al neurótico se lo ayuda escuchándolo. Para aquellos pacientes que trascienden sus dificultades neuróticos y comienzan a enfrentar otro tipo de conflictos, relativos a la trascendencia del yo, del ego, por ejemplo; en esos casos se impone cómo método válido la meditación y otras técnicas que no se basan exclusivamente en la palabra, como la respiración holotrópica de Grof.

 Stanislav Grof, primero en su país de origen, entonces Checoeslovaquia, y luego en Estados Unidos, experimentó científicamente con LSD y otras sustancias psicodélicas. En sí mismo y en cientos de personas descubrió que bajo los efectos de estas sustancias alteradoras de la mente se generaban estados en los cuales emergían a la conciencia facetas normalmente no concientes, material biográfico inconciente, recuerdos de la vida intrauterina y estados de probable naturaleza transpersonal.

Cuando se prohibió el uso de LSD por sus peligrosos efectos "colaterales", Grof decidió ir a la caza de otros procedimientos para generar esos estados. Junto a su esposa Cristina, ideó un método que empleando respiración intensificada o hiperventilación, combinada con cierto tipo de música y un trabajo corporal logra aparentemente desbloquear las barreras entre el inconciente y la conciencia, posibilitando la expresión de contenidos reveladores y curativos.

 Para finalizar este humilde resumen introductorio cabe aclarar que la psicología transpersonal es una cuestión de contexto. Esta corriente considera que el psiquismo se manifiesta en diferentes niveles de conciencia. En este contexto, la terapia trabaja según el nivel de conciencia en que se encuentre el paciente conservando la conciencia del espectro total de la existencia. El psicólogo transpersonal detecta el nivel de conciencia del paciente y lo ayuda a superar los conflictos propios de ese nivel, estando alerta y dispuesto a seguir al paciente hacia nuevos niveles experienciales a medida que se van presentando. "El terapeuta transpersonal se ocupa de todos los sucesos que emergen a lo largo del proceso terapéutico, incluidos los asuntos mundanos, los datos biográficos y los problemas existenciales. Lo que en realidad define la orientación transpersonal es el modelo de la psique humana que reconoce la importancia de las dimensiones espirituales o cósmicas y el potencial evolutivo de la conciencia." (Stanislav Grof)

El terapeuta transpersonal puede emplear técnicas de construcción de estructura para tratar a un paciente "borderline", puede utilizar el método psicoanalítico para abordar una neurosis, pero considera que el horizonte de las posibilidades humanas puede ir mucho más allá de una neurosis más o menos bien llevada. No olvidemos que para el psicoanálisis y otros abordajes la salud mental es eso: una neurosis relativamente controlada.  Para la psicología transpersonal la salud no es lo mismo que la normalidad. La normalidad es el estado de conciencia en el que se encuentra la mayoría de la gente; es un dato estadístico, no el objetivo que se persigue en una terapia. La salud está emparentada con el desarrollo exhaustivo del potencial humano el cual parece  extenderse a espectros todavía misteriosos.

 

Volver a la página inicial.



[1] Stanislav Grof en su libro "Psicología Transpersonal".